¿Trastornos infantiles u otras rarezas? (Parte 5 y final)

"Yo no entiendo por qué si los niños son tan listos los adultos son tan tontos. Debe ser producto de la educación".
Alexander Dumas hijo.

En casa, la esposa de Carlos estalló. Le reclamó furiosa que nunca le hubiera hablado de que estuvo enfermo. En un momento Carlos se defendió diciéndole
—Tú misma has ido muchas veces al psicólogo. Además, piénsalo objetivamente por un momento; todo esto de las enfermedades mentales es una tontería. Si todos tenemos que recurrir al especialista, ¿por qué ese tabú en contra de los locos? Teóricamente todos estamos locos.

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¿Trastornos infantiles u otras rarezas? (Parte 4)

Una tarde Mike estaba jugando cuando su papá le ordenó:
—Vístete y péinate bien que vamos a casa de los abuelos.
El pequeño frunció el ceño.
—No, papi, no quiero ir.
—¿Hay algo malo en eso? ¿No quieres ver a la abuela y el abuelo?
—Sí.
—¿Entonces...?
—Es que... me da miedo ahí.
—¿Por qué? Ahí no hay nada que temer.
—Siento como que alguien me sigue.

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¿Trastornos Infantiles u Otras Rarezas? (Parte 3)

Carlos tuvo que asistir a varias consultas. Soportó largas sesiones con el psiquiatra de siempre y con un doctor de bigote gris al que no había visto antes, quien le preguntó muchas cosas, sobre todo de Efrén. El pequeño habló con esa franca candidez y dulzura propia de los niños. Después contestó varios exámenes.

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¿Trastornos infantiles u otras rarezas? (Parte 2)

Para cuando Carlos cumplió 6 años, Efrén ya se había vuelto una constante en el panorama familiar, no obstante no por ello los padres del pequeño se tranquilizaron, aceptaron a Efrén como normal, o dejaron de fruncir el ceño ante la menor mención del amigo imaginario.

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¿Trastornos infantiles u otras rarezas? (Parte 1)

“Los niños son los que más agradan a la locura. Pues,
¿de dónde proviene ese encanto irresistible que tienen
los infantes en sus primeros años de vida?.
Ese encanto se debe únicamente al atractivo de la estulticia.”
Erasmo de Rótterdam, "Elogio a la locura".

Para Carlos, a sus 5 años de edad, no había nada mejor ni que le gustara más que jugar con Efrén, quien, por lo que entendían mamá y papá, era su amigo imaginario.

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