Sólo por hoy

In memoriam a Don Eulalio O.

Es el almanaque
el que me anuncia
días especiales
a los que no es fácil borrarlos.

Debo tener bien presente la fecha
para no romper con la armonía
de mi neural biología.

Contar las hojas
del almanaque
se me ha hecho
una disciplina
que gracias al Poder Superior
cumplo con la abstinencia.

Que sólo el buen céfiro
aplaca mi sed loca
y me recuerda
los doce pasos que debo seguir
para mi recuperación.

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Girones del alma

Después del diagnóstico
la vida no cambia mucho,
sólo es un golpe al corazón,
un golpe a la vida.

El alma hecho girones
habitando en las circonvoluciones
de mi cerebro,
busca saber
el significado de esas palabras.

Palabras huecas
que trato de desmenuzar
hasta sus últimas consecuencias.

Afortunada soy,
saber que el sitio
de donde nacen mis poemas
está salva.

Asirme entonces del último bucle
de la cadena onírica
de la cual dispongo
en cualquier momento
que me nace
escribir.

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Es una reflexión nostálgica

Tampoco esto es un poema,
es una reflexión
sobre la nostalgia.

Es tu recuerdo
que viene a mi una y otra vez
y me dueles.

Qué es de tu rutina,
de tus oficios
y de tus pendientes?

Me hacen falta
tus palabras risueñas
tus silencios sinceros.

Oir tu voz por el auricular
es como una inyección
de optimismo.

Esto tampoco es un poema
es una reflexión nostálgica
de quién te extraña,
amigo del alma.

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Circunnavegación nocturna

Es la abstinencia, es el tiempo,
que se yo...
que las pequeñas derrotas
se me han hecho obsesiones.

Las inferencias
que elabora mi cerebro
me tienen agotada.

He dejado de viajar
a esos sitios proféticos
que en mí habitaban,
a expensas
del trocito de luna
que robaba
todas las noches.

Invoco esta noche pues,
a cuanto espíritu
esté pronto a auxiliarme.

Una plegaria con denuedo me custodia.

Es la noche en vela,
es la víspera
que se yo
que me tienen al borde de la ansiedad.

Por el silencio del instante
en mi piel pasa un vago temor
y la mirada atropina

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Habíame acostumbrado

Habíame acostumbrado
al ronroneo matutino de tu voz,
a tu presencia mínima
en mis ratos
de luminiscente oscuridad.

Habíame acostumbrado
a besar tu boca
cuando exclamabas:
tengo sed.
A la foto tuya
en mi diario guardado.

Habíame acostumbrado
a tu silencio
que me alentaba
a continuar mi vida
cuesta arriba.

Habíame acostumbrado
a tu eterno adiós
que por ser así
no me di cuenta
el día que te perdí.

Flota en el ambiente
tu recuerdo salpicado
de interrogantes.
Habré que cambiar de color
las paredes.

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