CABEZA DE CAMIÓN

Run, run, el sonido de la calle llega a mis oídos, como si pudiera traspasar voces, paredes y ganas, este es el precio de tener que cruzar tan solo una puerta para tomar un camión.

Junto a la ventana que desde mi cuarto se asoma a la calle. Vigilo.

Unas cuantas telarañas, un poco de polvo y el cadáver nuevo de un cigarro, pero nada tuyo, ningún resto de ti en mi ventana.

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