Jesús llegó a la biblioteca con la jalada de que amaneció roto por dentro; como si se le hubieran zafado los huesos durante la noche.
—Estoy roto —silbó entre dientes apenas entró a los casilleros y guardó su lonchera en el locker. Comenzó a desvestirse, se quedó en calzoncillos, sacó el uniforme y se vistió. Jadeaba con cada uno de sus movimientos—. Apenas si pude dormir y ahora apenas si puedo respirar.
—A dió… y qué te dio Sandra.
—Nada, me puso un vapurub.
Libro de mecánica
III.- ¿Resulta inevitablemente aburrido el sexo en el matrimonio? ¿Resulta aburrido con el tiempo?
Tengo 10 años de casado y mi esposa es una mujer gorda. El sexo no es bueno. Aunque hubo un tiempo que lo amé, ahora no estoy del todo seguro. El sexo para mí se ha vuelto algo casi sarcástico. Sólo imagínenlo. Hubo un tiempo que mi esposa fue una mujer normal. No era gorda, no era delgada, simplemente normal. Le gustaba caminar, le gustaba comer, reír, las cosas normales que a todos nos gustan. En la cama era complaciente y a veces me exigía. Yo no tengo problema con eso. Después tuvimos una larga temporada de mucho trabajo, de muchas preocupaciones y después nació Ricardo.
Soltería
Sueño con mis calcetines. Nunca, en mi vida, había sufrido tal orfandad de ellos. Fueron los primeros en perderse entre las cajas y las bolsas negras desde que empezó la mudanza. Sólo un par llegó a salvo a la nueva casa; sólo uno entre tantos: el resto apareció en la caja de herramientas, a medio tragar por el pico de las pinzas, ahogados bajo el peso de las bolsas de yeso, otros se asomaron junto a las cacerolas para hervir carne. La búsqueda duró días.
Mírala cómo se mueve
Se dio la media vuelta, se le fue a los golpes, le gritó pendejo y el bato este sonreía y gritaba: si chula te ves bonita, muina te ves mejor, y ella lépero desgraciado y dando pasos hacia él y él, preciosa, chula, pero qué fierecita, con qué boquita me saliste, y ella, majadero pendejo, y él nada más hacia tras, hacia tras, bailándole, toreándola, riéndose, carcajeándose con el sol bien recio sobre la avenida y los carros, el smog, los cláxones cuando los conductores se dieron cuenta del, mami no se enoje con el chiquito, yo la consuelo, y ella, pendejo pobre diablo chingas a t
Arqueros de Babilonia
Nos gustaba la calle Salazar Mallén por amplia, y porque casi nunca pasaban carros que nos molestaran a la hora de jugar futbol. En tardes lluviosas se transformaba en un canal de aguas oscuras y frías donde nadábamos o nos sentábamos en el suelo, a la expectativa de que algún camión pasara por ahí y levantara olas. En esa calle éramos felices y dueños de sus cuatro esquinas.
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