en el delirio del pájaro

En el delirio del pájaro
los fantasmas acechan
detrás de la puerta
buscando instantes de luz
y estrellas bajo las piedras

eleven anclas
y todo es un sueño de rumores
de balbuceo de miradas y palabras
cuando fuimos ayer
y ahora es todo

en una escena polaroid
se desnuda el cuerpo de vulnerables recuerdos
que caen con la levedad de la tinta
con aquel presagio
que ví venir.

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Pulso

En el abismo de la retina
se detiene la página del vacío,
errantes vuelven a ser las formas
que desarman el corazón

Se disuelven los momentos ahora
y caen, gota a gota dentro,
adentro siempre delirio
afuera, mis entrañas fuera

Toquemos el hilo del ayer
con el vuelo inmortal
del soldado, guerrero infinito
de cristal efímero

¡Como ícaro de sol
volveré a las bocas mundanas!
¡al despertar del alacrán
de ávidas palabras!

En un intento sutil
resonaré con el latido de las campanas,
el pulso de mis lágrimas.

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Roce eterno

Entraré en tus ojos de secretos de magnolia
un suspiro de tus párpados
cuando se levanta el alba,
y sin temor
atraparé un día de tu boca,
de tus palabras de cristal
que rompen el eco del silencio
de cualquier vestigio no anunciado
no pronunciado,
y en el sutil recuerdo
te crearé
de sombras y luz,
envuelta en prismas de sol
y un sorbo de luna
porque tu misterio se guarda
en tus sueños que velan
noches mías que alcanzan tus manos,
un roce eterno
nos lleva a los dos
por un segundo
de universo.

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Ciudad Luz IV

Destilo noches con pétalos de estrellas
iluminando palabras de canto de mar
de ecos que atraviesan paredes,
volviéndonos brisa y pasión
en un sueño eterno de tus venas
Cartagena, me levanto con tus muros firmes
de guerrero de mil años,
escucho el beso retumbar en los templos
en tus calles de insaciable memoria,
y pinta García Márquez tu historia
con arena de oro

Tú, que te levantas con los brazos al mundo
con tu esquina dorada
con tus rumbas de piel preciosa
forjada con las sonrisas de la gente
y contagiarme de tus raíces
en la sencillez de tu dignidad

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Fragmentos

Cautivo, se desprenden los hilos de mi corazón
y siguen un arroyo de seguía, tan lánguido.

Aparté mis ojos del mundo desbaratando penas
en mis manos, se desvanecen pecados solemnes.

Furtivo se vuelve el aire en el olvido que suspira
tantas promesas en el vasto mar de silencios.

Tanta levedad que sentí en la bóveda
y cómo se estrella mi alma abajo.

En fragmentos, con palabras que descansan en el rocío
las miradas atónitas, matan al verdugo.

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