Gracias a las miradas soñadoras

Poco tiempo he tenido de referirme a los comentarios que tan generosamente han hecho de mis textos, y hoy que es viernes, y que no falta la inspiración, ni una mujer bajo el brazo, ni unas cuantas cervezas, quise hacer una pausa para agradecer a los ojos soñadores que comparten conmigo este nuevo proyecto en el que ya llevo embarcado varios días, trabajando como desquiciado en los vagones del metro, de pie, en las cafeterías, en cantinas, en la cama, acurrucadito, con desajustes emocionales y con crudas, sin dinero, quedando como perro en los huesitos, y sin embargo contento con cada uno d

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El Sueño del Diablo

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Si bien el éxito de Dios fue relativo, aun con la publicidad otorgada por grupos fundamentalistas, el Vaticano, y las constantes reediciones de esa su primer hazaña considerada texto sagrado, era precisamente el Diablo quien se encontraba más irritado que de costumbre, creyéndose único culpable del bien y la armonía que para entonces reinaban allá, abajo, o arriba, según se vea.

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El Sueño de la Verdad

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Nadie podrá saber a ciencia cierta lo que ocurrió aquella noche en casa de los Miraflores, lo cierto es que tras escuchar dos disparos, los vecinos llamaron a la policía, y una vez que hizo el arribo el comandante Benítez, lo que encontró fueron los cuerpos sin vida del señor y la señora Miraflores, quienes apenas dos meses antes habían llegado a vivir al vecindario, y quienes eran conocidos como personas sencillas y trabajadoras.

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El sueño de los Reflejos

Yo que sentí el horror de los espejos
No sólo ante el cristal impenetrable
Donde acaba y empieza, inagotable,
Un imposible espacio de reflejos.

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El sueño de la Alegría

Si la veías de lejos no era más que una caja de cartón maltratada, sucia y sacada quién sabe de dónde, quizás de cualquier bote de basura; sin embargo, conforme las personas iban avanzando y te acercabas a ella sentías algo especial que se te movía por dentro, algo que por supuesto no tenía que ver con las tropas enemigas o con la guerra. Era la Maquina de la Alegría, o al menos tal fue el nombre con el que la presentó su inventor, Joseph Singer, en la feria anual de inventos de Praga en 1939, a orillas del río Moldava.

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