(Me había quedado en que la hija de la casa solariega, Laura, llegó ante la puerta del departamento de Arturo en el momento que salía de él Rosa la sirvienta)
... Y tú que haces aquí, -le dice indignada Laura- Deberías estar en tu cuarto o de perdida atendiendo a mi madre ¿En qué quedamos? -Y observando a Arturo que sostiene una cerveza, lo barre de arriba a bajo con la vista, diciendole- ¡No sé quien fregados es usted, pero se me larga en este mismo instante! -Le truena los dedos en actitud de correrlo-
Mí casa es de respeto, no para orgías, ni para seducir a la servidumbre. ¡Ale largo, agarre sus cosas y se me larga! Y tú también Rosa no esperaba esto de ti, esta segunda no te la va a perdonar mi madre, ¡yo me encargo de ello! ¡Te va a poner del asco! No es tiempo de hacer las cosas por uno misma. -Arturo se indigna no comprendiendo lo que dice y le reclama-
-¡Oigame, óigame! Usted no me va a venir a gritar a mí casa, será muy suya pero en este momento es propiedad particular, pago la renta y eso me da derechos.
-De acuerdo con eso, pero eso no le da ningún "derecho" a meterse con mí sirvienta. ¡Eso sí que no lo permito! -Rosa al notar que las cosas van empeorando corre a su cuarto-
-Usted esta ofuscada, ¡no sabe ni lo que dice! Me está levantando falsos, me ofende, yo soy el primero en saber respetar. No como usted que irrumpe en mí privacidad con majaderías. No parece que es hija de la dueña, más parece una compañera de trabajo de Rosi, se pone a su mismo nivel. -Laura se enciende y gritando le contesta-
-Yo soy quien soy, y ni usted ni nadie me va a decir como me debo comportar en mí propiedad, usted no es más que un inquilino advenedizo. En mala hora llegó, ¡a roto nuestra confianza! No voy a permitir que seduzca a Rosa, ella es como una hermana para mí. -Arturo suelta la carcajada-
-¡No sea ridícula! El papel de hermana de la caridad y de la Liga de la Decencia, no le queda, puesto que sé comportarme como ¡caballero que soy! Que le diga Rosa si acaso le falte al respeto. -¡Rosa, Rosa! -Le grita sin obtener resultados- ¡Ve lo que hace, corrió asustada! ¿Porqué en lugar de acusar no investiga? ¡En este momento iré a quejarme con su madre para decirle la clase de hija que es usted! -Arturo hace el intento de salir pero Laura se le interpone jalándolo de un brazo, Arturo reacciona y levanta la mano amenazante, más se detiene- ¿Acaso me quiere golpear? Aparte de seductor es golpeador?
-No me provoque, usted fue la que empezó, no voy a permitir que me jalonée, no abuse de su posición de mujer.
-Ni yo voy a permitir que vaya a molestar a mi madre, si se quiere largar, ¡hágalo pero ya!
¡Pero esta casa la respeta! Aquí nadie se manda solo, hay una autoridad.
-Mire señorita o lo que sea, le ruego que se calme, no me gusta irme en medio de éscandalos, mis padres me educaron para saber tratar gente como usted. En este momento me llevo parte de mis pertenencias y como usted dice me largo y mañana envío por el resto; créame que esta cometiendo un error, de haber sabido no hago los trámites de la línea telefónica. ¡Es usted una pelangocha! -Arturo se da la media vuelta para ir a hacer sus maletas dejándola sola. Laura ve sobre la mesa los cigarros y enciende uno paseándose por toda la habitación, lo que le sirve para tranquilizarse. Arturo sale y al verla le dice aún disgustado- Esto no se queda así, mañana recibirá noticias de mi abogado porque esta es una difamación. Me voy a un hotel de cinco estrellas, ¡usted será la pagana! ¡Nunca pensé que invitarla a cenar unos miserables tacos me iba a salir tan caro y tan amargo! ¿Acaso no huele usted que huele a la grasa de los tacos? ¡Estabamos cenando! Ni modo de comerlos en el patio. -Laura callada lo observa atenta, notando que es un joven bien parecido, pulcro, y educado, por que si hubiera sido otro, con lo que le dijo e hizo, ya le
hubieran volteado un bofetón. Pensó para sus adentros: -Solo unos tacos. Enojado le brillan más sus hermosos ojos, los tiene medios verdes- ¡Me escucha usted señorita!
-Laura sale de su trance al escucharlo gritar y con voz amable le contesta-
-Esta bien, esta bien, fui una majadera, no sé porque me ofusque tan derrepente. De seguro que recorde al otro huésped que ya tenía a Rosa en la cama listo para abusar de ella. Por fortuna estaba yo en casa y la escuche gritar como loca.
-¡No todos somos iguales! No hay que confundir, es como si viniera su señora madre y me acusara como usted, de tratarla de violar.
-Le ruego me disculpe, estos últimos días he estado muy nerviosa, no sé que me pasa.
-Eso no es ningún consuelo para mí, ¡me puso como cola de cochino! Le enviaré la cuenta de mis gastos y hablaré con su madre para que me retorne los tres meses de renta que le di. Le diré que gracias a los arrebatos de la hija no viviré ya aquí.
-Espere, espere uin poco, por favor no se vaya, no sé como podría detenerlo. Le pido de nuevo disculpas. ¿Acaso quiere que me le hinque? -Hay varios minutos de silencio, de inquietud por parte de ambos, mismo que rompe Laura- Me hace falta un cigarrillo y una copa, ¡podría invitarme? -Arturo siente que le sacan el tapete, ¡que cinísmo el suyo! Lo acaba de correr y ahora le pide un trago-
-No merece usted ni un vaso con agua, pero como soy buen samaritano y nada rencoroso
le invitaré. ¿Cerveza o tequila?
-Tequila, necesito algo fuerte.
-Los cigarros estan sobre la mesa, fume los que desee, puede sentarse si quiere, voy a servir los vasos porque copas no tengo. A mí también me hace falta una, gracias a usted. -Cuando Laura se sienta Arturo admira lo guapa que es. Tiene unas hermosas y largas piernas, más cuando las cruza y las luce con la minifalda que porta. En cuanto Arturo le da el vaso con el tequila, Laura le da un trago haciendo gesto, él se lo bebe como si nada, junto con su cerveza. Arturo no se contiene y vuelve al ataque- ¿Que siente usted acusandome de estupro? Me va a acusar también que la quise emborrachar? -Laura se levanta de la silla-
-Fue inutil pedirle disculpas, me voy. ¡Es usted un rencoroso! -En eso Laura se va de lado al sentir un vahído, Arturo corre para evitar su caída y la ayuda a sentarse-
-Permitame, voy por una toalla mojada. -Laura hace el intento de tomar otro cigarrillo pero él se lo impide- ¿Se quiere sentir más mareada? Ha fumado mucho, ¡párele! -Arturo le pone la toalla en la frente y Laura suspira sintiendose mejor-
-Gracias se me subió la presión. Se nota que usted es un pan, mire que después de tratarlo mal, me atiende.
-Mientras no me diga que soy un birote, todo esta bien. -Le dice sonriendo-
-¿No sé lo que es un birote?
-Es un pan de mi pueblo, salado y muy rico por cierto. Ahora que me manden le invito aprobarlo. ¿Ya se siente mejor?
-Sí muy amable. -Le dedica una sonrisa- Me ha dado usted una lección, no debo juzgar antes de tiempo.
-¡Olvídese, yo ya me olvidé! -Laura se levanta y camina por la estancia hasta llegar a la puerta del estudio que se encuentyra abierta y se fija en las pinturas-
-¿Son de usted?
-Sí y suyas también. -Laura se ríe-
-Que sí usted las pintó, ¿son obras suyas?
-Yo las pinté, estoy estudiando en San Carlos.
-¿Puedo pasar a verla?
-Claro que puede. -Laura las admira una por una diciendole al final-
-Tiene usted muy buena mano, los desnudos estan perfectos. ¿Así estaban las modelos o las hizo más lindas? Parecen muñecas.
-Bueno colaboré a hacerlas un poco más hermosas, solo un poco.
-¿Y para el retrato que tal es?
-Me defiendo; en mi pueblo pinté al señor cura, quedo fascinado. Al presidente Mjunicipal
también, pero el quiso que le pusiera la bandera mexicana sobre el pecho, ya que dijo que sería presidente de la república. -Laura ríe-
-¿Y lo logró?
-No pero lo presumía a todos sus amigos. Lo que más me agradó es que me pagó muy bien.
-Le apuesto que se lo pagó el pueblo, no lo dudo ni tantito.
-Ni yo. -Dijo Arturo. Y así entre tequila y cerveza, cigarros y música, se pasó la noche. Al día siguiente cuando despierta Arturo y llevándose las manos a la cabeza y emitiendo un ligero "ay" se incorpora y siente la cama demasiado blanda y demasiado ancha. Brinca sobre el colchón y se dice: ¡Esta no es mí cama, es demasiado grande! ¡Y estas sabanas tan finas? ¿En donde estoy? -Desnudo como andaba recorre la recámara y se queda admirado del lujo, de la hermosa decoración. Voltea a ver el piso al sentir muy mullido, y nota que es una alfombra que cubre la hermosa duela de todo el departamento. Parece que camina sobre nubes. Camina extrañado llegando hasta otro cuarto descubriendo que se trata de un estudio. ¡Pero que señor lujo! ¡Que decoración y que muebles! Muebles de piel y la mesa de trabajo, hidráulica, y las lámparas hechas con cascos prusianos! Esto es un sueño, es increible! ¡Y que hacen aquí mis cosas, las cosas de barro que compré, si no se las he regalado a nadie! Algo me dice que estoy en mí propio deparatamento. -De pronto descubre sobre el caballete un lienzo cubierto, lo jala y ve estupefacto que es un desnudo de Laura ¡firmado por él! Se talla los ojos recorriendo todo el departamento admirado con lo que ve. La cocineta con todo moderno, cafetera électrica, refrigerador que hace cubitos, horno y microondas, etc. El baño no se diga, cubierto con mosaicos italianos, los grifos de
oro. ¿Y su aparato de música? Corre a verlo conmvertido en un equipo modular y más potente. No aguantando más va al encuentro de la botella de tequila que vio sobre la mesa de la cocina y le da varios tragos. Corre a vestirse y sin peinarse sale corriendo rumbo al
patio grande de la casa en donde se encuentra a una viejecita encorbada y vestida de negro, regando las plantas y el patio de mosaico de perón, a la cual le pregunta-
-Señora, señora, ¿me podría decir si ha visto a Rosa?
-¿Rosa? Yo no conozco a ninguna persona con ese nombre, al menos no en esta casa.
-Arturo se queda frío, más le responde disgustado-
-A quien trata de engañar, yo la conozco, es amiga mía. Por cierto la que me hizo un drama fue Laura, me acusó tajantemente de haber abusado de Rosa. ¡Esa es una prueba de que sí existe!
-Desde que trabajo aquí y mire que llevo años, tampoco sé de algúna que lleve ese nombre. Sería bueno que le pregunte a la patróna, a doña Amparo, quizás le pueda dar las respuesta. ¡Ella sabe muchas cosas que yo ignoro! -Suelta una carcajada que inunda el enorme patio. Arturo voltea hacia la fuente y ve a las ranas de barro saltar y salio corriendo rumbo a las escaleras de mármol de la casona. Cuando llego al primer piso se sentía en una residencia porfiriana con la opulencia y elegancia que las caracterizaba, solo falñtó que un lacayo le saliera a recibir. Camino por un ancho y largo pasillo viendo varias puerta, no sabía cual tocar, cuando en eso de una de ellas sale doña Amparo elegantemente vestida con una larga bata que dejaba ver su admirable cuerpo, llamandolo e invitandolo a pasar.
-Te esperaba hace tiempo Arturo, pensé que nunca ibas a visitarme, que bueno que te animaste a venir. Llegaste en el momento preciso. -Con paso nervioso Arturo se introdujo a la elegante estancia y se fue a sentar a un elegante y conservador sofá. Fue cuando se fijó que encima de una mesa muy torneada y brillante se encontraba una tabla llena de signos inconprensibles para él; no le dio importancia, pensó que era algún inocente juego. Doña Amparo se le acerca enseñandole sus hermosos pechos que casi se le salían provocativamente y con voz dulce le dijo: ¿Te ofrezco algo? ¿Que te apetece? -Arturo no se hizo del rogar y de inmediato contesto-
-Algún licor fuerte de preferencia vengo muy tenso.
-No me lo necesitas decir, se nota y bien lo sé. Te traeré un coñac, yo estoy tomando oporto. -El perfume de la Doña lo envolvia en espirales candentes-
-¿Deseas fumar Arturo? Mientras yo voy a servirte te dejo cigarrilos y habanos.
-¿No le molesta que lo haga?
-Si me molestara no te ofrecia, mi difunto marido, el tercero, fumaba puros, pero lo mandaba a fumar allá a donde estan tus habitaciones, las utilizaba de casino para jugar baraja y dominó con sus amigotes. Pero vieras, yo también fumo de vez en cuando. -Al poco rato Arturo y la casera fuman y beben. La primera que rompe el hielo es doña Amparo, que le dice- ¿Por donde deseas empezar Arturo?
-Creame señora que ya no sé ni por donde. Me han sucedido muchas cosas de esas raras. En la mañana cuando desperté no daba crédito a lo que veía, el departamento había sufrido un tremendo cambio. Me cambiaron el mobiliario, me lo decoraron, lo modernizaron y me lo alfombraron. -Doña Amparo lo veí con una sonrisa misteriosa- ¿Tuvo usted que ver algo con esto? Lo otro que me sucedió, me apena contárselo. (Continuará)
Observaciónes: No tuve tiempo de revisar la ortografía, lo estoy pasando directo, han de disculpar. ¡Corro a un compromiso de última hora) Lo mandaré al corrector antes de publicar, ruego me disculpen. GómezRico Alias El Cuervo
Gracias por tu mail, en estos momentos siendo las 17:25 hrs. termino de copiar todo tecleando, ya que te he dicho que no se "pegar"
Ojalá y no se me desinfle todo. No vaya hacer un cuento "mamerto". Ja, Ja.
Si lo es estoy seguro que me lo diras, no tienes pelos en la lengua; eso es lo bueno de contar con un amigo como tú. ¡Solo una cara! Que te diga tus defectos y tus pocas virtudes.
Alfonso.
Alias "El cuervo" (Se resiste a morir, está corrioso. Me metí a darme de baja y poner mi nombre, pero es un gorro, mejor desistí)
disculpas
M dejas con la intriga y la narración no ha decaído; las faltas...ya lo dices, tienes tu corrector, en fin...
Sigo interesado en leer toda la historia.
Un abrazo
Modesto Herrera
http://modestoh.bitacoras.com