¡Creo que me equivoqué de cielo!,
he subido a éste, y encontré
a un Dios tierno, amoroso,
complaciente, feliz y cariñoso;
¡Y yo que lo había imaginado
tan, pero tan distinto!,
de alguna manera severo
e inquisitivo,
casi, como un comerciante
que minuciosamente midiera
uno a uno
mis actos buenos y los malos;
y que una vez comparados
determinaran mi paso
al cielo o al infierno.
A cambio de ello
he sentido una mano suave
acariciar mi pelo,
y una mirada tan cálida
que tuve que compararla
con la de mi madre.
Me aceptó sin reservas,
sin malicia, sin resentimiento,
sin ánimo de juzgar;
haciéndome sentir amado, protegido
y único entre los mortales.
¡Es cierto!, ¡Aún no he muerto!
¡Pero ya sé cómo es Dios!,
él me permitió ser padre,
para que lo supiera...
es que ando emotivo entre las letras,
Shere lo dijo, me das envidia, tremenda.
"las letras no deben pretender siempre cambiar el rumbo de la literatura, bastante hacen con cambiar la vida de quien las lee".
Hermoso muy hermoso... sobre todo el final.
saludos.
Sherezada 2008