Confesiones de un Domingo lluvioso.

La lluvia, agorera de bienestar se hace presente, me dice en su goteo (luego de la furia), cíclico, lento, que no me detenga que hay milagros por hacer. Ha pasado la tormenta.

Yo permanezco expectante, con cosquilleo en las manos, en la mente, quiero el día por nacer, siento la delirante necesidad del adolescente por vivir.

Voy conduciendo mi destartalado auto, tiene goteras y sin embargo me protege. Escucho música a través de los audífonos del celular, (no puedo escapar a la tecnología) voy librando a paso lento, las mareas que la lluvia va provocando en la árida geografía de mi ciudad, el auto no se raja, lo poseo con cariño, le pido me haga llegar a mi destino, mientras manejo, y me embeleso con la música de F. Páez. Resiste con decoro la embestida de las caudas de los arroyos de una ciudad rebasada por el caos.
Encuentro en mi camino, algunos autos de modelos muy recientes, varados a un lado de la corriente, en esas estoy, cuando mi pensamiento, ése, el que nunca para, -la vocecilla que pocas veces guarda silencio-, inicia sus acostumbrados cuestionamientos, no puedo detenerlo, siempre es insistente, pregunta una y otra vez…

¿de donde viene la acuciante y desbordante pasión que me libera?

¿Es acaso un síntoma de algún desajuste mental?

¿Soy bipolar?

¿Que me sucede?

¿Como entro en el molde establecido para las mujeres de mi edad?

Tengo el cuero suave, delgadito, y fuerte el corazón, las arrugas no hacen mella en mi delirio, hoy no,… hoy quiero los verdes campos, ir en rítmica y lenta danza cruzando las veredas que me conducen a la sencillez de la nada como meta, siento como me nacen las alas de colibrí, voy de aquí para allá, sólo debo resguardarme del viento y las tempestades, tomaré el néctar que encuentre en mi camino, -me digo-.

Miro asombrada la paleta de los verdes pintando el horizonte, y más allá los azules, los magentas, los naranjas de la tarde en el ocaso.

Concluyo que me gustan las tardes,… las calurosas, las frías, las lluviosas,… todas ellas son quienes marcan el ritmo que tendrá la noche, la cálida, fresca, serena, fría, o tormentosa noche.

Y me descubro nocturna, temperamental, brava, neta, como el paisaje norteño de mi tierra, árido o lleno de pinares en la sierra madre occidental,- no hay que esconder-, me confieso ante los cerros, ante las dunas del desierto, y mis pasos trascienden al ardiente asfalto, soy de fuego, agua y el furioso celo que la luna cíclicamente me marca.
A pesar de mí.

!! Me descubro terrenalmente viva!!!

lunalejana

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luna, me encantó el relato, como siempre, con la marca de la casa, haciendo de lo cotidiano una paleta de colores. Sólo un detalle " y me descubro nocturnamente temperamental", hay algo que no le permite oirse bien a la estructura, quizá debas explorar otra opción, quizá : " y me descubro temperamental por las noches", no se, es una opinión, a ver que piensan los vecinos.

Un afectuoso saludo

Hernando

Que gusto darme cuenta que sigues por aquí, y más que me hayas leído; respecto a tu comentario tienes razón de hecho había utilizado "nocturnalmente", pero me dí cuenta que era incorrecto, creo que tengo la forma en que sonará mas ritmico a ver si te gusta...."me descubro nocturna, temperalmental....."puede ser? como lo lees? Gracias...lejanaluna

P.d. 1.-Hice la correción en el escrito si quieres y puedes ver como quedó