I
La primera vez que vi a Saira fue en la estación de ferrocarril Santa Elena. Ella iba hasta San Luis Potosí y me preguntó la hora. Yo, nervioso por esos ojos de color café claro, me limité a sonreir y ver mi reloj para decirle la hora: 1:26 PM. Es curioso, lo recuerdo porque esta coincidía con su fecha de cumpleaños, pues era el 26 de enero. Después, ella se alejó unos minutos e, inmediatamente, regresó sonriendo mientras me hablaba de la coincidencia. Nervioso como de costumbre, me limité a sonreír otra vez y preguntar su nombre.
Se llamaba Saira Yuliana Labrador Contreras y era de Monterrey. Se dirigía a San Luis Potosí a casa de su abuela.
Me comenzó hablar de lo bien que le iba en la universidad y de sus gustos musicales. Cuando ella escuchó mis gustos, no pudo evitar una sonrisa extraña. Y es que no era muy común escuchar bandas como AC/DC, Iron Maiden y Black Sabbath.
Le hablé de todos mis gustos musicales -pese a que no compartíamos tal afición- y fue allí cuando observó la libreta que llevaba conmigo. Le dije que era para distraerme mientras viajaba en el tren. Me gustaba escribir poemas, canciones, e historias que hablasen de este medio de transporte. No era de extrañarse que ella tomara mi libreta y comenzara a leer algunos de mis textos.
Así pasó el tiempo hasta que llegamos al final del recorrido. Me pidió uno de mis poemas. Al escuchar mi respuesta, arrancó la hoja, sacó una pluma de su blusa y anotó su número telefónico en la última hoja de mi libreta. Me dijo cuando regresaría a la ciudad y se despidió con un beso en la mejilla. Me limité a observarla caminar en la dirección opuesta a la que yo iba. Recuerdo bien el poema escrito en la hoja que me pidió:
II
Voy a enviarte una postal.
Yo, como tú,
no quiero que sea el final.
Recordaré tu cuerpo
provocando la emoción
del mismo viento,
ese aire de excitación
con el que soñaba despierto
y suspiraba cuando se iba,
pensando que no había muerto.
Estoy en el andén.
Tú me esperas,
finges una sonrisa
para hacerme sentir bien.
Piensas que el viaje
será corto,
que pronto volveré
por ese andén
donde ahora me ves.
Abordado el tren,
ahora quedo en silencio,
quiero ponerme de pie;
regresar a tu lado…
¡Justo ahora
que ya nada puedo hacer!
III
Ella estuvo de vuelta el 3 de agosto de 1975, dos semanas después de haberse ido y tres días antes que yo regresara. Apenas pisé Monterrey, lo primero que hice fue marcar el número que me dio para vernos. Eso pasó el primer fin de semana después de mi llegada.
Las citas se comenzaron hacer más frecuentes. Hablábamos del futuro que deseábamos. Poco tiempo después, nos dimos cuenta que queríamos estar siempre juntos. Nos casamos el 26 de octubre de 1980, yo con 28 años y ella 24.
Sin embargo, después de 15 años de casados, tuvimos una discusión horrible. Decidí salirme de casa y me fui rumbo a la estación San Luis Potosí, pues tenía otra casa por allá y quería estar solo.
El camino en el ferrocarril fue muy amargo y no tenía animo ni de escribir. Decidí tomar otro rumbo y llegué por el lado de Tamaulipas. En la estación Ciudad Victoria, pensaba regresarme; cuando estaba cerca de La Joya, pensaba que ya no había vuelta atrás.
IV
Es verdad que la soledad es un monstruo que no se apiada de nadie. Solo duré dos meses viviendo solo. A pesar de la fuerte discusión que nos costó la separación - y de la cual no pienso decir el motivo del pleito- yo deseaba de todas formas¬ volver con ella. Casi instintivamente, decidí volver a su lado y lo hice por el camino de siempre, cruzando Saltillo. El camino fue largo, tan largo que llené dieciséis hojas con palabras para ella. Abordé todos los temas: nuestro pasado, nuestra discusión y el futuro que deseaba continuar junto a ella.
Sin embargo, cuando llegué a Monterrey, algo sentía diferente. No creo en los presentimientos, pero ese día tuve que creer. Esa sensación tan diferente...
Cuando llegué a la que era nuestra casa, un frío aterrador me congeló la sangre e hizo que la libreta que traía en mis manos cayera al piso. Había un ataúd. Vi llorar a mucha gente. Cuando tuve el valor de ver dentro de la caja, caí al piso hincado mientras abrazaba el féretro. Nadie me reprochó nada. Mi hijo de trece años se me acercó y me dijo que sabía que volvería, y que su mamá, antes de morir, expresó su confianza de que alcanzaría a despedirme de ella.
Y Saira, como siempre, tuvo la razón.
V
Han pasado diecisiete años de su muerte y me hace mucha falta. En junio de 1997, las líneas ferroviarias desaparecieron, al menos como medio de transporte. Creo que, en parte, estuvo bien. Todo el ferrocarril me recuerda a ella. Ahí la conocí hace treinta y dos años, y por ello creo que fue bueno que lo cerraran. Me evitan la pena de viajar en él, tomarlo en la estación de Monterrey y bajarme en San Luis Potosí; escribirle poemas en el camino, llorar y recordarla.
A veces paso por la estación aquí en Monterrey y veo sus ruinas. De pronto siento ganas de meterme y abrazar uno de esos vagones viejos que la gente se dedica a robar, pues están llenos de fierros.
A mis cincuenta y cinco años, la sigo extrañando y, a veces, me reprocho el haberme ido, pues su corazón no resistió que me alejara.
Todavía lloro y pienso:
¡Quiero regresar a tu lado,
justo ahora
que ya nada puedo hacer!
Estimado Dark, tienes un futuro brillante en las letras, se nota en tus trabajos sobre todo en este cuento "melodramático" Una historia breve pero bien llevada para mi gusto. No cabe duda que la juventud de ahora esta mucho más despierta que la de antaño, para tu edad demuestras bastante madurez. Continúa así y ¡arriba el norti! Dos de mis hijos mayores nacieron allá, en la tierra de la redoba y la silla que parece cerro. Antes le decíamos "Bache Rey" ¡Ahora esta Súper!
Saludos a las chicas Regias.
El cuervo
Jeje
Gracias por tus aclaraciones acerca del metal. Ahora tengo a quién reclamarle.
Pues no soy muy viejo (21), de hecho, para escribir esta historia, pregunté a uno de mis amigos que bandas podría incluir para el relato. Me inclino más bien por el metal es español.
Y lo de ingenuidad pues podría decirse que fue a proposito, con toda seguridad.
Es bueno conocer por acá gente de la vieja guardia. Saludos
PD: Pensaba meter a Angeles del infierno, pero me iba dejar llevar. Desconozco desde cuando existen pero su vestimenta era buena trampa.
Ni tan de la vieja guardia ¿eh? solo 35 octubres.
Me pareció bueno tu relato, en serio. Fue como leer a Pita Amor.
Ángeles del Infierno también son ochenteros.
Comentario aparte: Hablar de "metal en español" es tan absurdo como creer que exista algo llamado "huapango en inglés". Solo son un buen intento. Comparar cualquier tema de metal en español con "Hallowed be thy name" o "Flight of Icarus" de Iron Maiden es comparar el dibujo de un niño de kínder con un cuadro de Rembrandt: sería injusto para el niño, para el arte y para Rembrandt.
Es una opinión, sonríe polluelo.
Darkpoeta: Me gusta tu romanticismo tan ingenuo, casi casi "old fashion", trilladón, pero está bien, sin embargo, creo que lo más seguro es que no eres ni tan rockero ni tan viejo; en aras de la precisión, hubiera sido mejor mencionar, si debes mencionar algo, a Led Zeppelin haciéndole "compañía" a Black Sabbath, ya que, te aclaro:
El álbum debut de AC/DC, vendido en Australia, fué grabado en febrero de 1975, y no fue hasta 1976 que se vendió internacionalmente, es decir UK y USA. Si el personaje del relato ya "oía" a AC/DC debió mencionar su último viaje a Australia si todo ocurrió en 1975, cuando compró un disco de una banda súper desconocida de un género en ciernes.
Iron Maiden se formó en la navidad de 1975, pero solo se formó, no grabó nada sino hasta 1978, su primer "demo". Fué hasta 1980, y solo en UK, que vendió su primer material comercial. El personaje debió mencionar que, el 26 de diciembre, en la post-posada de Iron Maiden grabó subrepticiamente a los creadores del Heavy Metal, con su súper moderna grabadora portátil, y de prisa, porque tenía que convertirse en solo unos días en asiduo escucha y volver a México antes de que dejara de ser 1975. Bueno, pero habría muchas fechas que no se ajustarían, ya que das algunas de agosto, lo que aún tendría que solucionarse aclarando que el tren referido era en realidad una suerte de máquina del tiempo.
Salud y larga vida al metal.