En mis brazos

La madrugada se levantará con ganas de rasgar el diario de aureolas en esta ventana, la misma que te contempla con vestidos de soberanas y emperatrices en busca de divinidades terrenales. Es este crepúsculo clareado que te viste de perlas de humedad en la albura desbordante de esta tundra vacilante sobre mi almohada.

Entre mis dedos se escurren las hebras de pelo mulato incandescente, en cascada que busca desaguar el tumulto de arrebatos, de delirios, de vehemencias que no se han cansando de susurrarte al oído toda la noche, pernoctando el frenesí remontado en las curvas de tus escote, cabalgando en el brío de un deseo lúbrico, bebiendo las apologías que suavizan tus pies tersos, embriagándose con los encomios de tus manos de niña mimada.

Entre el albor irisado de tu presencia, las cortinas se recogen con lazos hilvanados de te quieros, de te amos flotando en la serenidad de este momento que se extasía de contemplarte recostada, ensimismada entre mis brazos que recogen tu rostro sobre mi pecho, bajo la sombra de mi pupilas que han besado tu silueta desde el anochecer, enajenadas con la emotividad de tu presencia, danzando alrededor del celo que provocan tus caderas, sujetando tu persona apegada al latir de mis entrañas.

Despierta, ahora, amor mío, mientras mis labios besan tus ojos cerrados y mis caricias rozan el borde de tus cejas. Despierta, ahora, que estas segura entre los brazos de mi cariño.

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