Que sombrío luce el cielo ahora que el ya no esta.
Aunque toda la semana ha sido por demás lluviosa y gris es precisamente en esta tarde cuando sorbiendo sus lágrimas y abrazando su ausencia ella se ha percatado de su lastimero aspecto.
Nunca antes se había dado cuenta de lo fría que resulta la sala con las persianas abiertas en pleno invierno, con la brisa colándose por entre los cristales, humedeciendo las molduras onduladas de madera que adornan con un toque de naturaleza aquel pequeño cuarto; aquella pequeña y en otros tiempos cálida habitación.
Ahora, hasta el ruido ha huido de ahí, ha hecho un pacto con la alegría y con la risa para alejarse juntos de aquel recinto, dejando a cambio la mas amarga de las melancolías que junto con la desesperanza han declarado suyo aquel lugar.
Nada que pudiera considerarse reconfortante ha quedado ya salvo su aroma, aquel aroma que la hacia estremecer casi de inmediato y que precedía siempre a sus caricias y besos recorriendo de pies a cabeza su cuerpo.
Pareciera sentirlo, casi podía tocarlo, sentir su aliento y sus tibios labios en su cuello; solo que ahora no temblaba de excitación sino de miedo y desconcierto al saber que nunca mas ni por un segundo volvería a tener su piel junto a la suya. Jamás nunca despertaría a su lado ni besaría su frente. No habría mas paseos por la ciudad, ni tardes de visitar a los parientes, no mas noches de luna y estrellas ni domingos de dormir hasta tarde cobijada por su cuerpo.
Hasta ahora no había estado del todo conciente de que se encontraba en aquella casa completamente sola.
Sola mas no como otras veces lo había estado. Como cuando el tenia que terminar algún reporte en la oficina y ella mataba el tiempo con un libro mientras esperaba que entrara por aquella puerta blanca, haciendo ruido con sus llaves anunciando su llegada. No, ahora era distinto porque eso ya no pasaría.
Que doloroso el palpitar del corazón cuando esta roto, y que largas y lacerantes las horas cuando lo único que puede terminar la espera jamás llegará.
Absorta en los recuerdos apenas percibe el sonido del teléfono que ha venido a romper la nostálgica calma.
Que ganas de no oír sonido alguno nunca más.
Por mero habito mas que por interés de hablar se ha acercado a levantar la bocina.
Un -“diga”- casi imperceptible apenas logra escapar a sus resecos labios.
-no madre no estoy bien, tan solo estoy como debo estarlo-
-...-
-si lo se pero me da exactamente lo mismo, no podría comer absolutamente nada ahora-
-...-
-no, no moriré de hambre-
-...-
-porque nadie muere dos veces y yo ya he muerto hace tres días junto con el-
Un detallito:
"Pareciera sentirlo, casi podía tocarlo, sentir su aliento"
Pareciera sentirlo, casi podía tocarlo, "respirar" su aliento"
algún otro verbo quizá para que no se atropelle el verbo sentir" en una misma oración.
Saludos
(= y es un comentario solamente)
Modesto Herrera
http://modestoh.bitacoras.com
Felicitaciones, es un màgnifico relato
muy bien meditado y mejosr logrado
me gustaría volver a leer otro
saludos.