Malos Entendidos

Para serte sincero de vez en cuando me acuerdo de ti, seguramente porque la pasamos a todo dar un par de años. Ya al último comenzaste a cambiar tanto en carácter como en gustos. Recuerdo que te gustaban las
cosas sencillas; ir a nuestra modesta cafetería, deleitarnos con unos pastelillos, o bien llegar al puesto de tacos de la esquina olorosos a grasa y a perejil.
Nos íbamos al cine de barrio, comíamos palomitas ¡y como nos reíamos de cualquier tontera! Te sentías en mí carcacha como princesa, no te importaba que no corriera como bólido o tuviera los asientos mullidos, que la radio tuviera interferencias y no se pudiera escuchar bien a bien. Tú eras feliz y yo junto a ti, soñando en una mejor posición económica, con hijos, una mascota, te gustaban los gatos. Fue tan de repente tu cambio, que podría decirse que más que eso, fue una transformación. Aquel nefasto día en que me dijiste que te ibas a una cena a casa de tu jefe, regresaste cambiada. Todo te molestaba, el olor de mi auto, el ruido que metía la radio, la cafetería a donde íbamos. Me daba la impresión que hasta a mí me veías raro.

Cuando te me acercaba te retirabas con cualquier excusa, llegue a pensar que olía mal, pudiéndote jurar que hasta cambie de marca de desodorante y de loción.
Por más que te preguntaba que era lo que te pasaba, me decías, nada, estoy bien, será porque estoy reglando, me duele la cabeza, así que por favor llévame a casa. Algo, algo me decía que me estabas dejando de querer. Varias veces argumentaste que no fuera por ti a la oficina porque no sabías a que hora ibas a salir; que te habían invitado a una posada y como era de la empresa no me podías invitar.

La confianza que te tenía la fui perdiendo con la misma rapidez con la que te dejaba de interesar. Esa noche muy a mí pesar, te estuve espiando a la salida del trabajo y vi que te subías a un BMW, ni siquiera el que lo llevaba tuvo la cortesía de abrirte la puerta como
yo lo acostumbraba. Quise seguirlos pero mi birloncha era demasiado lenta para el carrazo aquel. Te hablé al día siguiente para reclamarte, pero no lo creí oportuno hacerte un drama por teléfono, así que te invité a que fuéramos a tomar un café, que deseaba hablar contigo
de algo importante. Me dijiste que no fuera por ti, que nos veríamos en lugar acostumbrado,
que tú también deseabas hablar conmigo de una vez por todas. Me tragué el coraje y me adelante media hora antes de que llegaras.

Me fumé cerca de media cajetilla, estaba que me llevaba el tren. En eso llegaste sonriente y amable; le quise dar un beso en la mejilla pero te hiciste a un lado y no te insistí. Bien que me fijé que detrás de ti entró aquel individuo que había ido por ti aquella noche en su carrazo, un tipo de edad madura, los que compran a las pollas y las impresionan con su dinero. Era de aspecto distinguido, lucía canas y portaba un traje bien cortado, elegante, tanto que no encajaba en el cafetín, sentándose a unos cuantos metros de nosotros. Me dieron ganas de levantarme y reclamarle su desfachates, ppero me aguante, esperaba un mejor momento, deseaba s aber que cuento me ibas a contar. Me dirigí a ti diciéndote que
gustabas tomar atendiéndonos como siempre la simpática Malena, nuestra mesera favorita, desde que nos hicimos novios.

Te noté nerviosa, confundida, no sabías por donde comenzar. Fui yo quien tomo la iniciativa:
-Te agradezco mucho el que hayas venido, y no me hayas cortado por teléfono. –Me di cuenta que cambiaste de color cuando me escuchaste y me contestaste con cierto tono que nada me agradó-
-Estoy muy apenada contigo, pero lo nuestro dalo por terminado. –Me lo soltaste a quemaropa- Se que eres muy buen muchacho, siempre has sido muy bueno conmigo, pero esto ya no puede seguir, no tiene caso continuar. –Viaja zorra era lo mismo que yo le iba a decir, pero se me adelanto. ¡Que descaro, que desfachates! Ahora el que cambio de color fui yo del coraje que traía en las tripas-
-Cállate, -le dije enojado- ni te atrevas a decirme nada, bien que me he dado cuenta de todo lo que ha sucedido en estos días, ¿tú crees que soy un tarugo, que no me había dado cuenta? Aquí el que termina contigo soy yo, no soy ningún idiota, ni un carnudo. Bien que te vi salir de tu oficina con un vejete, es más, con aquel que esta sentado allá, no me levanto a partirle su madre hasta que no me digas que es lo que pretendes en realidad.
Eres tan liviana y cínica que te atreves a traerlo aquí, ¿que crees que no me había dado cuenta, que me chupo el dedo? Es más, no sé porque me paso de idiota perdiendo el tiempo contigo, no mereces ni un pinche café, eres una piruja. –No se lo hubiera dicho, me
soltó una bofetada que casi me arranca la cabeza. De inmediato me levante, no fuera de nuevo a atacarme, la sujeté de ambos brazos. De pronto el caballero elegante se me vino encima dándome un trompón en la quijada que casi me derriba-
-Es usted un insolente, un majadero, que bueno que terminas con él hija. -Al escuchar lo de "hija" por poco me da el patatús-
-Disculpe señor pero aquí hay una tremenda confusión, ella nunca me dijo que usted era su padre, yo me imaginaba otra cosa.
-La gentuza como tú siempre piensa lo peor. ¿Porqué se lo tenía que decir? Y menos a un tipejo como tú. Acaso crees que no tiene familia que la defienda. Aquí me tiene a mí por si
osas levantarle las manos.
-Discúlpeme señor, pero la que me golpeó fue ella, yo no.
-Y bien merecido, algo escuche que le dijiste y a mí hija nadie la insulta, hizo bien en
defenderse de un tipejo de tu calaña.
-Un momento señor el que sea usted su padre no le da derecho a venir a insultarme, lástima de ropita, pensé que usted era un caballero. Además ella tiene la culpa por no poner en claro las cosas. Llegué a pensar que usted…
-Cállate el hocico si no quieres que te lo rompa de nueva cuenta.
-Mire señor si usted me vuelve a poner una mano encima no respondo así sea el presidente. –Si tú no te pones enmedio lo hubiera golpeado-

-Papá, papá ya cálmate, por favor Oscar tranquilízate, te iba a explicar toda la situación pero no me dejaste hablar, me callaste varias veces, no me diste tiempo de explicarte y encima me insultas pensando de mí lo peor, que poca confianza me tienes.
-Hija te ordeno que nos vayamos, esto que esta pasando es inaudito, no lo acabo de entender, es mejor que te vengas conmigo cuanto antes. No entiendo por que no le habías dicho que te irás conmigo a vivir al extranjero.
-No papá nada, pensaba la forma de decírselo, la manera de hacerlo. La verdad es que tampoco quería ir contigo, pero al ver esta situación de desconfianza del hombre que quería y que tuvo el descaro de insultarme, me voy contigo.

–Me quedé sudando frío, sin saber que decir cuando se dieron la media vuelta rumbo a la salida. Lo único que hice fue darme un sentón en la silla, poner la cabeza entre mis brazos y ahogar la pena a base de café, y fumando como chacuaco mientras se acercaba Malena acariciándome-
-¿Vas a venir por mí a la hora de salida?

Sin votos

La verdad de las cosas es que me hice engrudo, escribí la segunda parte para ser más claro y preciso, ustedes me hicieron ver muchas cosas, les agradesco mucho. Fueron varios los amigos que dentro del Taller me lo hicieron ver y otros por mi mail, la lista fue larga y sustanciosa. A todos ellos gracias mil. Sobre todo a ti que estas leyendo esto. Haber que les parece la segunda parte corregida y aumentada, sino está clara ya no la volveré a batir, Créanme que hago la lucha por expresarme atraves de la escritura. Se suda pero se aprende de ustedes.
Cuervo

Aunque coincido con los compañeros en que hay detalles por redondear, siento que esto de la prosa se te da con bastante facilidad, ojalá que le insistas a tu texto cuyo embrollo final da ese toque de sorpresa agradable para el lector.

Un saludo afectuoso.

Por decirle a nuestro amigo Cuervo lo elemental. Por lo que todos debimos haber empezado antes de meternos de lleno a poner bajo el microscopio el cuento. Que definitivamente, la prosa se le da y cada vez mejor. No cabe duda que aún los escritores, poetas o prosistas, en un taller como este que debe ser un hobby, nos enfrascamos tanto a veces en el objetivo que olvidamos lo más importante, lo humano.
Anoche vi una teleserie muy mainstream pero que me gusta, Grey's Anatomy. Presentaba a un personaje nuevo. Una cardióloga brillante con síndrome de Aspergers. El director la quería para nueva Jefe del área de Cardio. Se da el caso de que una adolescente de 16 tiene un accidente y le declaran muerte cerebral, ante esto, mientras todos los doctores se quedan mudos en la sala de operaciones, ella dice, "diesciséis años, tan joven, muerte cerebral.. buenas noticias... sus órganos ayudarán a muchas personas". Así se lo hace saber a la familia de la niña inmediatamente después de la noticia de la muerte cerebral. Cuando ellos reaccinan con shock y dolor, ella no reacciona sino diciendo, "lo siento si ofendo, pero el tiempo es oro, los órganos se degeneran cada minuto y es imperativo hacer la decisión". La doctora no es mala. Simplemente autista. Es un genio, como todos lo Asperger. Pero aunque brillante, no es capaz de sentir empatía ante el dolor ajeno. Pienso en los cientos de autistas brillantes y no tan brillantes del mundo. Médicos, Científicos, Investigadores, Maridos, Esposas, Escritores. Quienes de nosotros no hemos sido autista ante el dolor. Yo me declaro culpable de autismo existencial (y aclaro, no por eso me declaro brillante, para que luego no se mal interpreten mis palabras). En la vida, en este taller. Ante mis propias necesidades.

Gracias Victorino, por recordarme algo que necesitaba que me recordran.

Cuervo, te admiro porque mejoras en cada texto, porque le metes ganas y porque además eres buen amigo.

María Celeste, Aguerrida pero divertida.
http://neurosiscotidiana.blogspot.com/

Esto es lo que yo entendí de la historia:

Oscar tenía una novia y eran felices. Oscar no tenía mucho dinero pero a su novia no parecía importarle, ella era feliz con él y él con ella. Un día ella va a cenar a la casa de su jefe y a partir de entonces él nota un cambio en ella. Se siente rechazado. Ella le pide que no vaya por ella más al trabajo. Al mismo tiempo empieza a vigilarla y nota que un BMW la espera afuera de su trabajo todos los días. Ella se sube al auto y se va con un señor mucho mayor que ella. Finalmente se dan cita en la cafetería de siempre donde los atiende un personaje que considero importante y la clave de la confusión, Malena, la mesera sonriente que siempre está ahí. En el lugar también se encuentra, a distancia, el hombre mayor que todos los días va por la novia en el BMW. Mientras Oscar está por decirle a su novia (nunca dice el nombre) que es una liviana o zorra, ella se le adelanta y lo acusa de serle infiel. el se molesta y se hacen de palabras. Ella acaba dándole una bofetada. En eso el hombre mayor interviene, hay otro conflicto y la novia se aleja dejando a Oscar consternado. El cuento remata con Malena preguntando a Oscar si esa noche pasará por ella.

MI pregunta para ti, mi Cuervo, es si Oscar veía a Malena a escondidas y la novia se dio cuenta, o Malena le dijo a la novia que se veía con Oscar y luego aprovechó el pleito para preguntar a Oscar si quería pasar por ella.

Creo que es cosa de desarrollo y definición de personajes. De cualquier forma, yo sí quiero saber cuál fue la razón del truene.

Aprovecho para enviarte, como siempre, mi abrazo cariñoso y un beso en la mejilla, mi querido Cuervo, amigo fiel y vecino de taller.

María Celeste, Aguerrida pero divertida.
http://neurosiscotidiana.blogspot.com/

Estimado Cuervo:

Buen relato-cuento, aunque algo contradictorio (créeme, la verdad soy malo para distinguir géneros, así que mejor no me arriesgo y lo bautizo así y acepto de buena gana algún comentario moderado al respecto del vecindario. Que conste que reconozco a priori y de antemano mi ingnorancia, así que no es necesario que me la recuerden...¿eh?).

Ese cambio de actitud de la novia, como que le falta algo y no convence del todo y lleva a dudas razonables. Siento que se queda a la mitad o tal vez sea la percepción de que entre ese cambio y el desenlace pasa mucho tiempo, cosa que no necesariamente es así.

Por lo demás, haces un retrato bastante preciso de algunas mujeres (no todas, aclaro), que cambian de un día para otro. Creo que varios hombres (no todos también aclaro, por aquello de los malos entendidos y enredos que se han puesto de moda en esta época, compitiendo con Santa Claus y sus renitos, en estas latitudes ciberespaciales), tenemos alguna historia similar, muy parecida o igual guardada en algún recóndito pliege de nuestro apachurrado y arrugado corazón.

Que siga la mata dando

Salud y saludos

Ponciano

Ah, por cierto, además no concuerdan los cambios que la mujer presenta, y que a leguas se amarran con la idea de que tiene un amante...

Salud, suerte, gracia y lujuria... y palabras, palabras para nombrar al mundo nuevamente y volverlo a conquistar.

Hasta la parte media estaba completamente emocionado, y no miento si le digo que casi a punto de dos lagrimitas de mis ojos al recordar experiencias personales (hasta parece que es la misma, que se repite), un hombre frente a una mujer que lo supera en coraje y en determinación; un hombre enamorado frente a una mujer aguerrida y brava... hasta ahí bien: intenté imaginar el final y realmente lo desconocía. Pensé: seguro que termina más como una estampa triste de separación; seguro que termina más como el acto de alguna tragedia; sin embargo, en cuanto aparecer la figura del papá, todo el texto se me fue de las manos, ¿por qué?, porque no me cuadra la idea de que el hombre no supiera nada, porque me resulta incluso inverosímil y muy de lugar común, muy a la temática de películas de Pedro Infante... me quedo con la primera historia, escrita incluso de manera desesperada (sólo así se explican los errores que tiene); la primera historia me llegó, y no dude que posteriormente la hurte de su inspiración para darle mi propio final. Sin más por el momento quedo a sus apreciables órdenes.

Salud, suerte, gracia y lujuria... y palabras, palabras para nombrar al mundo nuevamente y volverlo a conquistar.