JUAN LETRAS

El pasado 2 de noviembre, día de los fieles difuntos, Juan Letras, joven escritor, no podía conciliar el sueño. Eran las tres de la mañana cuando le llegó la inspiración. Se levantó y sin hacer ruido para no espantar sus ideas: palabras, frases y metáforas que volaban en aquel santuario de silencio, inspiración y oscuridad.
Con paso sigiloso y los ojos bien abiertos, Juan Letras llegó hasta una habitación llena de libros y revistas acomodados en desorden, los cuales, milagrosamente no caían el piso. Sintió el impulso de prender la luz, pero, observó que justo en el vidrio del escritorio pegaba un rayo de polvo de luna dosificados con la luz mercurial de un anuncio del doctor Simil.
Consideró que esa espada de luz era suficiente. Observó su reumática máquina de escribir que, ansiosa, como recién casada esperaba que la tocaran. Juan Letras se detuvo; pensó que sería una irreverencia romper el sereno silencio de la noche a teclazos. Entonces, cogió un montón de cuartillas blancas, una pluma y comenzó ese privado placer que tienen los escritores.
De vez en vez, Juan Letras hacia una pausa cuando perdía el hilo de la historia. Se levantaba y el piso de madera chillaba, mientras que el achacoso y destartalado escritorio metálico, color gris ataúd, se estremeció de dolor cuando el joven escritor se recargaba en él.
-Escribiré un cuento. –Pensó, mientras caminaba y ponía en orden sus ideas.
-Será un relato que hable de la muerte, al fin y al cabo que hoy es 2 de Noviembre.
No había escrito la primera cuartilla, cuando apareció muerto el personaje central de su historia. Somnoliento y enfadado el escritor se levantó violentamente. El agónico escritorio se quejó de sus reumas. Pero, Juan Letras no le hizo caso; todo ese mundo de ideas, con metáforas, verbos subversivos y filigranas del lenguaje que revoloteaban en su mente, habían desaparecido con la muerte de su personaje.
Decidió ir a dormir, pero, antes de atravesar la puerta blanca donde estaba un enorme poster de John Lennon, se detuvo y la intriga se apoderó de él… -¿Quién mató al personaje de su historia y quién era el asesino?.
Esas interrogantes le hicieron regresar al escritorio y volver a empuñar la pluma. Antes, se asomó a la calle por la ventana y la luz amarillenta que antes pegaba en el escritorio, ahora, se reflejaba en el rostro del aprendiz de Cervantes cuyo pálido rostro parecía el de su muerto personaje.
La vieja ventana de madera sin algunos vidrios, servía ya de poco; dejaba pasar la luz, la oscuridad; dejaba escapar las ideas. La falta de vidrios permitía la entrada en tropel del viento y los ruidos del silencio nocturno. También el frío y el tiempo cruzaban sin pasaporte. Una invisible pero gélida corriente de viento, alejó de la ventana a Juan Letras.
En silencio se preguntó: -¿Quién será el asesino?. Su pregunta no tuvo respuesta inmediata. Lo peor es que tampoco tenía ninguna pista de quién podría ser el asesino. Entonces, se encaminó hacia el escritorio sin quitar la vista de la cuartilla escrita. Juan Letras tuvo el presentimiento de que el asesino aún estaba dentro de la habitación. Con la pluma en la mano y una nueva cuartilla -temerosa de que en ella se ocultara el asesino-, el inexperto escritor intentó descubrirlo, pero nada.
Temeroso, Juan Letras se asomó debajo del escritorio y sólo descubrió al silencio besándose con la oscuridad. Salió apresurado de aquella habitación y se dirigió hacia la cocina, donde los pilotos de la estufa de gas le dieron la impresión de que el diablo lo observaba.
Pensó que estaba en el lugar equivocado y decidió regresar a la sala, pero, cuando estaba por huir de la cocina, sintió morir al escuchar el motor del refrigerador que parecía una máquina que se le iba encima.
Juan Letras se refugió detrás de su viejo escritorio, miró por enésima ocasión la cuartilla inconclusa donde yacía muerto el personaje central de su cuento. Esperando una conclusión científica, se quedó observando y releyendo la historia. Se levantó de manera brusca, se volvió a asomar a la calle a través de la ventana chimuela, sin vidrios. Observó el movimiento de las sombras y el rondín que hacían las manecillas del reloj de pared. Eran ya las cuatro de la mañana.
El tiempo transcurría y ni una pista que lo llevara a descubrir al homicida. Volvió al escritorio, empuñó la pluma, dispuso de otra cuartilla blanca y estaba decidido a atrapar al criminal, para rehacer su historia y atraparlo en la página dos o tres.
En unas cuantas frases llegó hasta la agencia del Ministerio Público y denunció el crimen. Eran ya las cinco de la mañana. Tras su denuncia, fueron comisionados para iniciar la investigación el teniente Hurtado de la Razón, quien acompañado por otro agente y el perito forense de nombre Intestino Alegre, se dirigieron al lugar de los hechos.
Con escrupulosa atención leyeron en voz alta y pausada, la historia, buscando en algún recoveco de la gramática alguna pista. Se miraron con aire de incredulidad y, como muñecos de pilas con la cabeza gacha comenzaron a caminar en derredor del escritorio.
El sargento Hurtado de la Razón se detuvo y con un gesto de sabelotodo, con la vasta experiencia que da la corrupción, aspiró aire para después dejarlo fugar de sus pulmones. Colocó sus brazos en jarras, sobre su cintura y clavó la mirada en aquella cuartilla inconclusa. Levantó la cara y, mirando de frente a los ahí presente, murmuró: -Es claro que se trata de un suicidio.
-¡Suicidio! -Exclamó Juan Letras quien en tono molesto y burlón, a punto estuvo de soltar una sonora carcajada, pero se contuvo. Dio media vuelta y caminó hasta le ventana. Juan Letras miró a la calle y observó que también la noche huía en complicidad con el asesino.
Eran ya las seis de la mañana. El comandante Hurtado de la Razón, su ayudante y el médico forense, Intestino Alegra, hicieron algunos comentarios en voz baja; escribieron algunos apuntes en sus libretas y manifestaron que nunca habían visto un suicidio tan cruel y tan sangriento.
Sin embargo, la hipótesis de suicidio era absurda y Juan Letras no la aceptaba. Tras la ventana miró la luz del día que comenzaba a invadir el lugar del crimen. Los investigadores dieron por terminada la rutina y regresaron a su oficina para redactar el reporte y mandar la carroza fúnebre a levantar el cuerpo.
Inexperto, sin saber qué hacer en estos casos del primer capítulo, Juan Letras pensó que nadie le creería que su personaje central había muerto al iniciar su historia. Intentó escribir una segunda cuartilla; esconder el cuerpo y, crear otro personaje más joven para que no se fuera a morir tan pronto, pero recordó que él mismo lo había denunciado ya a la policía.
-Seré la burla de mis colegas en cuanto se enteren. –Pensó.
-Empuñó la pluma de nueva cuenta e inició otra cuartilla. Buscó varias salidas, pero, ninguna era lógica. Creo un pasaje en donde un médico certificaba que el personaje central murió de un infarto ante la presión de la propia historia. No le gustó.
Volvió a iniciar el cuento, pero, de igual manera, al terminar la primera cuartilla, otra vez, su personaje central volvió a aparecer muerto, justo detrás de un punto y coma.
Fue hasta el tercer día, cuando algunos de sus amigos se enteraron que Juan Letras, había muerto el 2 de noviembre. Que los vecinos avisaron a la policía porque de su departamento, de las ventanas chimuelas -sin vidrio-, salía un olor putrefacto.

Sin votos

Me gusto mucho, siempre es un placer poner los ojos en un escrito, que nos roba tanto la atencion, que no podemos dejar de leer hasta terminar por completo el contenido y contigo me pasa eso muy seguido, si no es que siempre, me encanto esa frase que dice "el silencio besandose con la oscuridad", soy cursi lo reconozco y he buscado la cursileria toda mi vida... mala suerte que no he encontrado nada parecido para mi, pero sigo en el empeño de encontrar a alguien que me pueda dar toda la melcocha que he buscado... jajajajaj

muy ingenioso e interesante..

Saludotes

Zita

Realmente es una historia interesante y tiene imágenes y metáforas muy buenas. En gustó mucho que encontró al, "silencio besándose con la oscuridad", entre otras. En cuanto al texto, tras los comentarios de mis compañeros no hay nada más que decir, sólo que personalmente hablando me gustó mucho tu historia.

Saludos,

Amapola

Buena, ingeniosa y surrealista historia que con un poco de "Brasso" y brazo ( pluma o teclado y nalga, como opinan otros) quedaría para una buena antología del día de muertos.

Algunas sugerencias en adición a las de José Manuel:

a) Dejar espacios entre párrafos, asunto que da aire a la lectura con más ritmo y pausas. Como escritor, hay que consentir un poco al lector, o al menos, no complicarle la existencia, ¿no crees?

b) Revisar detalles de puntuación como comas después de las iés.

c) Para no repetir tantas veces el nombre del personaje, sustituirlo por "el escritor", simplemente "Juan", "el señor (o el joven) Letras", "el hombre" o en ocasiones omitir al sujeto, pues queda impícito como en el siguiente caso: "De vez en vez, (Juan Letras) hacia una pausa cuando perdía el hilo de la historia..."

d) Otros detalles de conjugación como por ejemplo: "...pegaba un rayo de polvo de luna dosificados con la luz mercurial..." creo que debería decir: ..." pegaba un rayo de polvo de luna dosificado (en singular, pues te refieres al rayo) por la luz mercurial..." o bien ..." pegaba un rayo de polvo de luna mezclado con la luz mercurial..."

e) Al no ser un diálogo o reflexión directa (es decir, iniciada con la línea), considero que en los siguientes caso deberían usarse comillas y no el guión, que en todo caso habría de ser largo y que por la razón expuesta al principio, no encuentro donde debería cerrarse:

En silencio se preguntó: "¿Quién será el asesino?".

Levantó la cara y (opino que sobra la coma) mirando de frente a los ahí presentes, murmuró: "Es claro que se trata de un suicidio".

f) "-Escribiré un cuento. –Pensó, mientras caminaba..." debería ser:
"–Escribiré un cuento –, pensó, mientras caminaba..."

g) " -Será un relato que hable de la muerte, al fin y al cabo que hoy es 2 de Noviembre. ¿guión largo?

h) -Seré la burla de mis colegas en cuanto se enteren. –Pensó. Opino que debería ser:
–Seré la burla de mis colegas en cuanto se enteren– pensó.

i) -Empuñó la pluma de nueva cuenta... No es un diálogo, por lo tanto no debería llevar guión

Felicidades y a seguir dándole buenas aporreadas al teclado.

Salud y saludos

Ponciano

José: historia interesante, con suspenso que se mantiene practicamente todo el tiempo y final inesperado. Siento que decae un poco hacia la mitad, pero vuelve a resurgir. El uso de la coma necesita ser revisado, así como la repetición de "empuñar la pluma", las idas a la ventana y la referencia a los cristales rotos o frases ya hechas que podrían ser sustituidas por otras. (Se mete por ahí bajo la cama el romanticismo dulzón del texto anterior, algo del silencio y la oscuridad besàndose; creo que no viene con el cuerpo del texto.) Como quien dice, sólo pulir. Felicidades y saludos. José Manuel. es tan grande mi imaginación que a veces creo en mi propia existencia.

Gracias por tus comentarios Juan Manuel. Estoy aprendiendo mucho con ustedes en este taller literario. Nunca había participado en uno; tomo en consieración los consejos, buscaré corregir esos detalles y mejorar mis próximos trabajos. Respecto a tu frase final en tus comentarios, quisiera decirte que es verdad: ¡Existes! porque tiene imaginación. Gracias. Saludos.